Social Media como en los viejos tiempos…

Una aldea muy pequeña en el interior más profundo de Galicia. La tierra de mis padres, de mi familia. Allí donde la niebla es densa como la nata y áspera como el pedrisco. Un diminuto pueblo sin bar; imagínense, en España, un pueblo sin bar no sale en los mapas y, desde luego, no tiene cobertura ni conexión.

Un domingo de agosto, poco antes del mediodía, me acerqué a la Iglesia para esperar a mi familia que salía de misa, después nos íbamos a comer.

En el atrio estaba el pueblo entero. En verano, unas doscientas personas, con todos los que vienen a pasar las vacaciones. En invierno no habitan en Santa María de Piño (así se llama el pueblo) más de 45 almas.

Estaba en el atrio, saludando primos y conocidos, abrazando a viejos amigos, dando enhorabuenas por recientes paternidades y pésames por los difuntos a mujeres eternamente vestidas de luto. Toda la Comunidad reunida en la mañana de un domingo soleado.

En una esquina, junto a dos cipreses cincuentenarios, un grupo de hombres charlaba animadamente de las cosas que charlan los hombres de campo. Unos hablaban mucho, otros miraban y escuchaban. Alguno intervenía de vez en cuando, otros iban y venían picoteando en varias conversaciones al mismo tiempo. El grupo crecía y menguaba rápidamente. Miraba la escena y pensaba: mira, esto es Twitter.

Algo más allá, otro grupito de señoras y algún señor miraba y enseñaba fotos de familiares y vacaciones, ponía al corriente de novedades familiares, trabajos de los hijos y colegios de los niños. Era un grupito estable de viejos amigos que sólo se veían en verano y se estaban poniendo al día… Facebook.

Los chavales, los pocos adolescentes de tan pequeña comunidad, hacían piña junto a la salida del camposanto. Quedaban para ir por la tarde a jugar un partido de fútbol en un prado grande junto al río. Eran pocos y la cosa no daba para hacer dos equipos. Uno de ellos cogió la bici y se encaminó al pueblo de al lado para decirle a unos amigos que se apuntasen, dos niñas se fueron a casa de sus primas a decirle que había partido y que algunos chicos nuevos iban a ir, un mozalbete alto y pelirrojo le preguntaba a su hermano mayor si le podía decir a sus colegas que se apuntasen también. La convocatoria del partido circulaba ya por el pueblo y sus alrededores, como en el Messenger.

Una joven que acababa de llegar de Argentina con su familia iba de acá para allá, cámara de vídeo hipermoderna en mano, retratando las escenas del atrio, la escaramuza de unos gatos que se subían al campanario y los aleteos de unas mariposas amarillas que se posaban en las flores del parterre de la casa del cura. Se lo enseñaba a sus padres, a sus tíos, a su abuela, a sus amigas… Sin duda, Youtube.

Las fotos que se enseñaban las mujeres del corrillo acabaron corriendo de mano en mano por todo el atrio, unos comentaban caras conocidas, otros preguntaban por paisajes y personas, otros sacaban también las suyas para enseñar casas, mascotas, fincas y bodas. Y todas volvieron a sus propietarios ordenadamente una vez finalizado el repaso general. Un maravilloso Flickr.

Dos treintañeros que estrenaban nuevo trabajo se intercambiaban tarjetas. Linkedin.

Todos compartían una coreografía social diversa, participativa y entusiasta. Allí, en el pequeño atrio de una aldea gallega sin bar donde los móviles no suenan y la única pantalla que la gente mira es la del televisor cuando hay partido o dan las noticias del tiempo.

Y yo, que ahora comparto con todos ustedes la experiencia en este blog, reflexionaba, como reflexiono muchas veces, que:

Le hemos puesto la etiqueta Social Media a algo que siempre ha formado parte importante de nuestras vidas, relacionarnos con los demás. Lo que sucede es que ahora, con la tecnología y las telecomunicaciones, podemos hacer Social Media sin ir a misa…

Agradecimiento: gracias a @aliciamiglesias por permitirme utilizar sus estupendas fotografías en este post.
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L@s niñ@s son los amos de Internet

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Es su medio, su mundo, su entorno natural. Para ellos una dirección postal o un teléfono fijo no significan demasiado, un número de teléfono móvil resulta algo más util por la sencilla razón de que pueden enviar y recibir mensajes, pero cuando quieren estar en contacto, cuando conocen a otros niños y hacen nuevos amigos, no le piden ninguno de esos datos, le dicen: dame tu messenger. No le preguntan si tienen ordenador, si están conectados a Internet o si tienen una cuenta de hotmail, dan por supuesto que todos esos requisitos se cumplen y que, además, la conexión es ADSL. Los niños son seres de banda ancha.

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Así que, no se engañen, Internet no es nuestro. Nosotros tan solo lo estamos preparando para que ellos hagan de Internet lo que nosotros a duras penas podemos imaginar. Podemos hablar de innovación tecnológica, de desarrollo de negocio, de comunicación e interacción, de redes sociales y de la Web 2.0, de la Web 3.0 y de cualquier neologismo que se nos vaya ocurriendo. Prehistoria. El Internet maravillosamente moderno que le permite hacer tantas cosas y a través de cuyas autopistas repletas de bytes ha llegado a este blog es poco más que una Beta llevada a cabo con mucho trabajo y las mejores intenciones.

Ser niño ya no es lo que era. Ser niño es lo más parecido a ser piloto de Fórmula 1, porque la infancia es una época que corre a velocidad de vértigo. Por eso son los niños los mejor preparados para asumir, entender, desarollar y mejorar todo aquello que encuentran a su alrededor.

Las estdaísticas dicen (y son estadísiticas del 2007 de EE.UU., con lo cual las cifras deberían ser revisadas al alza) que los jóvenes que ahora tienen menos de 22 años han pasado:

– más de 20.000 horas frente al televisor

– más de 5.000 horas jugando con videoconsolas

– más de 5.000 horas hablando por teléfono

– han enviado y recibido más de 250.000 mensajes SMS y correos electrónicos

– y más de la mitad han creado algún contenido para Internet

También dicen los datos de diversas fuentes y estudios que un niño o niña de 13 a 15 años tiene, de media, más de 350 contactos agregados en su messenger, que en una sesión tiene abiertas de 5 a 15 conversaciones simultáneas y que le resulta más ergonómico un mando tipo PlayStation que un volante para “conducir” un coche en sus videojuegos. Realmente los seres de banda ancha están dibujando un futuro que se adelanta al nuestro.

La clave para entender cuál es el rol y la importancia de los niños en el desarrollo de la tecnología es asumir que, pobablemente por primera vez en la historia, los niños aventajan a sus padres en el acceso y el uso de las tecnologías. La informática se ha abaratado lo suficiente como para que un ordenador no sea un objeto caro que hay que mantener apartado del alcance de los menores. Por otro lado, las aplicaciones, contenidos y utilidades pensadas para los niños, o que los niños pueden utilizar “a su medida” son muy numerosas y fácilmente accesibles a través de la Red. Se acabó la tecnología y los dispositivos “reservados a los mayores”. Los móviles, las PDAs, los ordenadores, las videoconsolas, los MP3 y MP4 forman parte del entorno natural de la mayoría de nuestros hijos y por ese motivo son ellos, en muchos casos, los early adopters, los dinamizadores e introductores de la tecnología en los hogares, las familias y las escuelas. No podemos ignorar eso.

Les mueve la curiosidad y la ilusión.

Dos poderosos motores a los que hay que sumar la ausencia del “pánico tecnológico” tan típico de nuestra generación (los que estamos entre los treinta y tantos y los cuarenta y tantos…), que nos ha hecho ver la tecnología muchas veces como una amenaza más que como una aliada.

Ahora bien, cuando hablamos de niños y de Internet, surge de inmediato la gran preocupación: la seguridad. Cualquier búsqueda en Google sobre Internet e infancia nos dará como resultado miles de página donde la pornografía, el acoso, el cyberbullying y los contenidos peligrosos son el gran tema de debate. Es cierto, Internet está lleno de contenidos que son peligrosos o, como mínimo, desaconsejables para los menores. Exactamente lo mismo que sucede en el mundo real.

Padres, educadores, autoridades y asociaciones se preocupan y proponen medidas, filtros, protocolos de seguridad para salvaguardar a las niñas y niños de aquello que puede perjudicarles. Es una preocupación justificada y, ciertamente, un problema grave. Pero, no perdamos de vista algo esencial…

El problema de los niños en Internet no es la seguridad, es la Responsabilidad. Y la responsabilidad es nuestra, siempre. La mejor medida preventida y el mejor filtro de seguridad para proteger a los niños del “peligro de Internet” son unos padres a su lado.

Tenemos que aprender también nosotros, de manera activa, como compartir con nuestros hijos la vida digital. Debemos velar por ellos, pero, sobre todo, debemos navegar con ellos. Prohibir es la peor de las alternativas, aunque tiene el perverso atractivo de que es la más sencilla. No lo olvide.

Y desde aquí, planteamos el reto de incorporar a los niños, a los jóvenes, a los adolescentes al desarrollo de Internet. No solamente como observadores o como usuarios de las herramientas y los contenidos. Son esenciales en los diseños, en los desarrollos, en los test y en la innovación. Cualquier proyecto con vocación de perdurar y aportar valor debería tener en su núcleo de desarrollo la ilusión, la creatividad, la capacidad y las espectativas de los más pequeños ¿Cómo hacerlo? No mirando a los niños solamente como un atractivo segmento del mercado, sino como un imprescindible colaborador. El sistema educativo, el sistema económico, el entorno tecnológico… tienen en los más jóvenes el punto de intersección clave.

Seamos creativos, pensemos en nuevas fórmulas de aprovechar el talento infantil porque su valor es incalculable. De esta manera, su Internet será también el nuestro y la brecha tecnológica que se abre entre generaciones será un puente y no una frontera.

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Por último, es de gran ayuda no olvidar que todos llevamos un niño dentro, o deberíamos, gracias al cual seguimos ayendo sonar el casacabel de Santa Claus… ¿no lo recuerda? En eso caso, quizá debería volver a ver, con sus hijos o sus sobrinos, Polar Express.