Cruzar la línea divisoria para entrar en las nuevas realidades

Tengo el hábito, no sé si bueno o malo, de enamorarme de algunos libros, muchos de ellos de los que catalogan como “libros de empresa“. Siendo así, quizás ahora penséis que el hábito tiene más de malo que de bueno. Pero el enamoramiento ocurre cuando los libros de empresa se convierten en inspiradores de mi vida. Y con esto último seguro que definitivamente estáis convencidos de que mis inclinaciones amorosas son más patológicas que otra cosa.

Leo “Drucker para todos los días” aunque lo hago de forma esporádica, no todos los días, y aunque está escrito como un diario ni mucho menos lo consulto como si fuera el “horóscopo para hoy”. Sin embargo, por algún motivo hoy he sentido una de esas flechas de cupido y lo he sacado de la librería.
Podría haber escogido cualquier día, porque todo él me parece magnífico, pero como daba igual, he buscado una página cualquiera para un día cualquiera, como por ejemplo, hoy: 1 Febrero. Título: “Cruzar la línea divisoria”.

“Cada dos o tres siglos, ocurre una aguda transformación. Cruzamos una “línea divisoria”. En unas cuantas décadas, la sociedad se reorganiza – su manera de ver el mundo, sus valores básicos, su estructura social y política, sus artes, sus instituciones claves -. Cincuenta años más tarde, hay un nuevo mundo. La gente nacida después de la transformación no puede siquiera imaginar el mundo en el que vivieron sus abuelos y en el que nacieron sus padres.
Pero los cambios fundamentales de hoy en día, esas realidades nuevas visibles hace treinta años, realmente sólo están empezando y apenas van a empezar a producir su impacto. A lo largo y ancho del mundo, están tras la reestructuración de los negocios, grandes y pequeños, -fusiones, enajenaciones, alianzas-. Están tras la reestructuración mundial de la fuerza laboral– la cual aunque ya es un hecho cumplido en Estados Unidos, está todavía en sus primeras etapas en Japón y Europa-. Y están tras la necesidad de una innovación fundamental en la educación y, especialmente, en la educación superior.
Estas realidades son diferentes de los asuntos en los que todavía fijan su atención los políticos, economistas, estudiosos, hombres de negocios y líderes sindicales, y sobre los que todavía escriben libros y pronuncian discursos.”

(Las nuevas Realidades. La sociedad poscapitalista. The Age of Discontinuity.)

Drucker, muerto hace ya 10 años, parece que esté mirando desde el pasado, el presente o el futuro a una realidad atemporal pero que nos condenamos reiteradamente a vivir. Parece que estamos empeñados en acuñar cada día el dicho ” el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”.

Si la reflexión es innegablemente visionaria y poco rebatible, más calado tiene aún la sugerencia que nos propone para seguir adelante en actitud creadora:

“La próxima vez que oiga a sus colegas golpear la mesa por algo que evidentemente ya pasó, encuentre una manera de decirles que necesitan despertar y abrir los ojos.”

No soy de seguir consejos, pero confieso que el espíritu de la rebelión que subyace en las reflexiones del que está considerado el más grande filósofo de la gerencia del siglo XX, me enamora de forma arrebatadoramente apasionada.

Alicia Mª Iglesias @aliciamiglesias

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Reconsideremos lo “Gratis”

Es lo “Gratis” un frenesí, una ilusión…?

Es acaso lo “Gratis” la esencia misma de Internet, y más de la Social Web? Seguramente lo es, pero no bajo la clásica acepción de Gratis como aquello que podemos conseguir sin ofrecer nada a cambio.

La confianza como modelo de negocioGratis es, en realidad, una invitación a un intercambio. Gratis quiere decir “yo ofrezco primero, tú ofreces después”, un intercambio con voluntad de ser equitativo, de ser win win.

En la era del Social Media, donde hemos pasado de la Economía de la información a la Economía del conocimiento, después a la Economía de la atención, y donde ahora, yo diría, estamos entrando de lleno en la Economía de la recomendación (que será objeto de mi próximo post), en este contexto, lo Gratis es también una invitación a ser recomendados por aquellos que disfrutan de lo que les ofrecemos.

Una buena gestión de lo “Gratis” redunda en una mejora de nuestra Reputación, insisto, siempre y cuando gestionemos inteligentemente la gratuidad de lo que ofrecemos y tengamos claro qué esperamos a cambio.

Sobre lo Gratis se ha escrito, escribe y escribirá con todo tipo de enfoques, análisis y proyecciones. Por mi parte, tan sólo una anotación más…

Me gustaría ilustrar esta breve reflexión con una historia que mi abuelo siempre me contaba.

Sucedió el hecho una primavera de 1933 (mi abuelo nació en 1910), cuando se aproximaba la fecha de la fiesta de Santa María de Pino, el pueblo de mi familia (una pequeña aldea del sur de la provincia de Lugo). Mi abuela quería, aquel año, reunir a la familia y asar un cordero como cosa extraordinaria, los tiempos eran duros y un cordero no era sólo una comida, era un símbolo de esperanza y de confianza en que las cosas irían mejor. En casa no había corderos ni en el pueblo tampoco, de manera que mi abuelo fue a ver a unos parientes de un pueblo de la montaña donde normalmente se podían encontrar corderos para comprar. Pero aquel año no quedaban corderos, y mi abuelo visitó varios pueblos antes de dar con un pastor al que le quedaban dos.

Querría comprarle un cordero, dijo mi abuelo al pastor. Pues siento no poder vendérselo, le contestó el pastor, porque uno ya está vendido y el otro es para regalar. Un tanto sorprendido por la respuesta, mi abuelo le dijo: pues le compro el que no está vendido. No va a poder ser, lo lamento, porque, como le digo, el que está vendido está vendido y el otro es para regalar. Precisamente, replicó mi abuelo, yo le compro el que va a regalar y así gana usted un dinero por un cordero del que no iba a sacar provecho ninguno. Muy equivocado va usted, joven, le dijo el pastor con esa flemática calma que poseen quienes conocen la crudeza de muchos inviernos, porque, como le digo, el que está vendido está vendido, y el otro es para regalar, que el que regala bien vende si el que recibe entiende.

El que regala bien vende si el que recibe entiende…

Y ahora, si les parece, podemos replantearnos el concepto de “Gratis”.